El crédito al consumo cae a la mitad en la última parte del año

. 09 enero 2009
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La parálisis del consumo ha provocado un desplome de los préstamos personales, que en el último trimestre del año han retrocedido un 44%. La financiación de automóviles ha sido la que más ha sufrido, con una caída del 56%. La mora de los establecimientos financieros se sitúa ya en el 5%.


La crisis se agudiza, y como prueba de ello, la Asociación Nacional de Establecimientos Financieros (Asnef) informó ayer de que los préstamos al consumo en el último trimestre del ejercicio ascendieron a 5.586 millones de euros frente a los 10.040 millones del mismo periodo del año anterior.

Esto significa un retroceso del 44,36% y viene a confirmar la tendencia descendente que se había observado en el segundo y tercer trimestre del ejercicio. El descenso resulta todavía más acuciante en algunos sectores, como es el caso de la financiación de automóviles, donde se registra una caída del 56% en los tres últimos meses del año.

Se ha pasado de firmar 258.000 préstamos para adquirir coches en el cuarto trimestre de 2007 por valor de 3.758 millones de euros, a conceder 121.000 créditos en la última parte de 2008 por 1.653 millones de euros.

La situación se agrava aún más en diciembre, donde sólo se han realizado transacciones para financiar autos por 391 millones de euros frente a los 1.000 millones de diciembre de 2007, lo que supone un 62% menos. En el caso de los préstamos personales para el consumo, la disminución en el último trimestre ha sido del 48% y del 31% en las tarjetas revolving. En diciembre se intensifica con bajadas del 56% y 40%, respectivamente.

Para Honorio Ruiz, secretario general de Asnef, 'los próximos meses no serán más halagüeños', aunque desde su punto de vista, la situación 'no pondrá en peligro a las entidades que forman este sector'.

El crédito al consumo en el conjunto del año desciende más levemente, un 22% hasta los 28.678 millones de euros, y el número de operaciones disminuye un 18%, rompiendo, por primera vez desde 2005, la línea ascendente de crecimiento en el número de operaciones.

El deterioro del empleo también incide en la morosidad de los créditos otorgados por los establecimientos financieros, que se eleva ya a un 5%, cota que podría rebasarse en 2009 si persiste la subida de desempleo, según la Asociación.

Ruiz insistió en que el crédito al consumo en España, que se había consolidado en el cuarto puesto, detrás de Reino Unido, Francia e Italia y por delante de Alemania, necesita un impulso. 'Es necesario y urgente facilitar el crédito a las familias y pequeñas empresas'.

Las financieras piden participar de las ayudas

El secretario general de Asnef, Honorio Ruiz, comunicó ayer que había enviado una carta al Ministerio de Economía y al Ministerio de Industria para solicitar 'las mismas condiciones de acceso a la liquidez que el resto de entidades financieras'. Actualmente, los establecimientos de crédito pueden ir a las subastas de liquidez del Tesoro o acceder a la línea de avales a través de bancos y cajas de ahorros. Sin embargo, en opinión de Ruiz, 'esto supone de facto una exclusión porque encarece muchísimo el coste'. El secretario general de Asnef aseguró que aunque una parte importante de la caída de los créditos al consumo se ha debido al descenso de la demanda, 'la situación podría haberse relajado si hubiéramos contado con las ayudas del Gobierno'. Los establecimientos suponen el 40% de los créditos concedidos a las familias.

Vía: Cincodías



Ave Crisis, los caídos en el crédito te saludan

. 04 enero 2009
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Inmobiliarias y constructoras, junto a bancos y cajas de ahorro. Fortunas de renombre y nuevos ricos. Hipotecados a 40 años. Todos han caído bajo el fuego de la crisis. Pero algunos lo han perdido todo y han pasado de nadar en las aguas de la abundancia a verse ahogados en el remolino de la crisis de crédito. Los nombres propios del desmantelamiento de la economía basada en la financiación ajena más que en el capital propio. Un artificio que llevó a algunos a creerse los reyes del mundo y, a otros, a empeñar todo su imperio en las expectativas de hacerlo todavía más grande. Y lo que es peor. Otros se han llevado por delante las empresas que dirigían por haberlas expuesto en exceso al crédito y las inversiones financieras.

Unos han perdido su patrimonio, otros sus puestos de decisión. Dos crisis, la española y la internacional, fundidas en una sola y explosiva combinación que se los ha merendado. Fernando Martín es quizá la figura más representativa de la caída. Tras crear un pequeño imperio inmobiliario en torno a su pequeña Martinsa, su fuerza emergente le llevó en 2006 a intentar comerse a la más grande, la Fadesa de Manuel Jove, tras endeudarse en miles de millones de euros. Martinsa Fadesa, el conglomerado inmobiliario resultante de la aventura, ha terminado en concurso, el eufemismo jurídico que describe a la empresa que suspende pagos y, por tanto, se convierte en morosa. Pasto de sus acreedores, de la banca.

Como lo fueron en 2007 dos de los creadores de expectativas de mayor poder que han cruzado la bolsa española: Enrique Bañuelos, con Astroc, y Luis Portillo, el verdadero dios del ladrillo y el apalancamiento, capaz de atraer tras su estela a inversores de alto standing como Alicia Koplowitz, y a todos los señores del ladrillo españoles como la familia Nozaleda, los Santamaría, Carabante, Díaz de Mera.... Todos se han sentado en la misma mesa que Portillo y se vieron encadilados por aquel tipo mundanal capaz de hablar de operaciones como quien juega al monopoly. Un hombre hecho a sí mismo, como el tópico, ducho en el uso del refranero español con marcado acento andaluz y mago de la sabiudría popular, aquella que dice que 'los pisos nunca bajan'... solo que Portillo se saltó la crisis del 1992.

Pero los grandes apellidos no se quedan aquí. Uno que salió de la nada y llegó a lo más alto se estrelló, precisamente, en este 2008. Luis del Rivero, mentor de Sacyr Vallehermoso junto a Manuel Manrique o José Manuel Loureda, lo llegaron a tener todo... o casi. Tenían socios financieros riquísimos como Demetrio Carceller o Juan Abelló. Tenían una constructora (Sacyr). Consiguieron una inmobiliaria (Vallehermoso 2002) y la mayor empresa de autopistas en España (ENA en 2003). Llegaron a entrar en el capital de BBVA y pedir representación en la gestión (2004). Se comieron un tercio del capital del potente grupo francés Eiffage y engordaron a sus autopistas con adquisiciones. ¿Se podía ser más grande?

Claro. Escoltado por la banca española, Del Rivero y los suyos eran los gigantes del cemento y ladrillo, no por fabricarlo, sino por utilizarlo como generador de ingresos que garantizaba la concesión de cualquier crédito por grande que fuese. Por el camino se comieron un 20% de la petrolera Repsol (2006), paso fundamental en la estrategia de diversificación de las constructoras españolas: hacerse con la gestión de la energía, un sector regulado al que sólo pueden acceder quienes cuenten con el visto bueno de las autoridades. También lo hicieron la Acciona de Entrecanales (Endesa en 2006) y la ACS de Florentino Pérez (Fenosa en 2005 e Iberdrola en 2006).

Pero a Sacyr, la cosa se fue de madre. La deuda financiera neta, algo así como todos los deberes con la banca de la compañía, se fue a los 20.000 millones de euros. Una piramide de créditos que vencían sucesivamente y que se cimentaba en el valor de lo comprado. Pero cuando estos activos comenzaban a depreciarse se solicitaban las garantías descritas en la letra pequeña. Y luego más garantías. Y más. Hasta que sólo se puede dar la camisa. Sacyr ha terminado por desmantelar su castillo de naipes y desapalancar (desendeudarse) y pagar las facturas acumuladas tras años de operaciones con dinero ajeno, el de los bancos. Primero saliendo de Eiffage, después con la venta de Itínere y ahora con Repsol. La banca ya dibuja los destinos de Sacyr Vallehermoso, que cotiza en bolsa lo peor: las ventas forzadas de sus filiales con mejor salud y, por tanto, con mejor cartel de venta. Los 1.900 millones de valor en bolsa se quedan en una décima parte de los créditos que debe la empresa.

Como ha ocurrido con el escándalo de Madoff, los ricos llevan meses que no quieren salir en la foto. Nadie quiere hacer negocios con el que pierde y el dinero vive de los mitos, como ocurría con Bernard Madoff. En España, las grandes fortunas se han visto igualmente golpeadas por el colapso bancario y las restricciones de crédito vivido en 2008. Si al mileurista le cuesta Dios y ayuda cargar con créditos de 200.000 euros en adelante, al 'cienmillonario' en euros también le sangran las manos si lo que deben son 1.000 millones. Caso, por ejemplo, de las familias Nozaleda o Sanahuja, cuya otrora fortuna en bolsa se ha esfumado al ser ejecutada por la banca, e incluso no ha sido suficiente. Otros se salvaron, como los Santamaría, por la piedad financiera del Banesto que les vendió Urbis en 2006 por 3.700 millones de euros y ahora se ha convertido en aliado para sostenerles mediante sociedades conjuntas.

Pocos han escapado del calvario. Si de dinero se trata, el que más perdido en toda esta vorágine es el número uno, Amancio Ortega, cuya fortuna demostrable se codeaba con los 20.000 millones de euros, a valor diario en bolsa, en la primavera de 2007. A día de hoy se le han escapado más de 8.000 millones, nada menos que 1,3 billones de las antiguas pesetas. Pero si antes no les prestó atención a esas cifras, tampoco ahora debería hacerlo. Y es que 2008 ha demostrado una máxima del conductismo y la relatividad: las cosas valen lo que alguien paga por ellas en el momento de la transacción. Sólo en ese momento tienen un valor intrínseco, que no vuelve a aparecer hasta que cambian de manos otra vez. Es lo que ha ocurrido con la burbuja inmobiliaria española o la del crédito a nivel internacional.

Sin llegar a la ruinda, también han perdido gran parte de su patrimonio latente familias como Del Pino, Koplowitz, Botín, March o Entrecanales, que en los tiempos de euforia económica, hasta 2007, llegaron a superar los 5.000 millones de euros por cada clan. Han perdido mucho. O lo han dejado de ganar que dirían los puristas. Pero sobrevivirán. Las grandes fortunas, aquellas gestadas en negocios familiares, seguirán siendo ricos a pesar de la crisis. Sólo algunos respiran tranquilos, aquellos que vendieron en 2006. El logroñés Mario Losantos tras soltar las acciones de Riofisa por 2.000 millones o los Fernández Fermoselle tras embolsarse otros 1.000 millones antes de la crisis. El gallego Manuel Jové tras vender a tiempo Fadesa, primero sacándola a bolsa y después vendiendole el resto a Fernando Martín. Total, otros 4.000 millones.

Vía: Cotizalia